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Tu piscina no está acabada. Está anticuada.
Cambio de revestimiento, renovación de la sala de máquinas, electrólisis salina, iluminación LED, cubiertas y climatización. Casi siempre sale mejor que hacerla nueva.

El vaso suele estar bien. Lo que sobra son treinta años.
Una piscina de los años noventa normalmente tiene el vaso perfectamente sano y todo lo demás obsoleto: gresite que se cae, filtro sobredimensionado y ruidoso, bomba de consumo alto, cloración manual y ni un punto de luz decente.
La reforma ataca esas capas por separado. Puedes hacerlas todas de golpe o repartirlas en dos temporadas según presupuesto, y te decimos cuál es el orden que más se nota.
Lo que más cambia la piscina
Por orden de impacto real: revestimiento nuevo, bomba de velocidad variable, electrólisis salina y luz LED. Las dos primeras se notan cada día; las dos segundas se notan cada factura.
Adaptación a normativa
En comunidades y piscinas de uso público, la reforma suele ser también el momento de resolver cumplimientos pendientes: sumideros de seguridad, barreras y registros. Lo revisamos en la visita.
Preguntas frecuentes
¿Sale a cuenta reformar o hacerla nueva?
Si el vaso está estructuralmente sano, reformar cuesta una fracción y se hace en semanas en vez de meses. Si hay movimiento estructural, la respuesta cambia y te lo diremos claro.
¿Se puede hacer en invierno?
Es el mejor momento. Llegas a la temporada con la piscina lista y sin competir por agenda con el resto de trabajos de junio.
¿Podéis climatizarla?
Sí, con bomba de calor y, si interesa, cubierta para conservar temperatura. La cubierta es lo que hace que el gasto energético tenga sentido.
¿Reformamos este invierno?
La agenda de invierno se cierra en otoño. Cuanto antes lo miramos, mejor fecha coges.
